Son tiempos cambiantes, cada vez a más profundidad. Parece que la vida es a veces como un gran océano en el que las olas son cada vez más altas, los retos, más grandes.

Es posible aprender a no empeorar una situación tomando decisiones inteligentes, pero en la vida también suceden cosas sobre las que tenemos muy poco o ningún control. ¡No podemos controlarlo todo!.

El estrés forma parte de nuestro día a día, es normal e inevitable. Forma parte de ser humanos, pero no tenemos que ser víctimas de las olas de nuestro mar. Podemos aprender a comprender las fuerzas que afectan a nuestra vida y encontrarles un sentido.

Podemos utilizar esas energías para desarrollar fuerza, sabiduría y compasión.

Esta actitud de estar dispuestos a aceptar lo que hay y trabajar con ello es lo que constituye la esencia de la atención plena o Mindfulness, y de la práctica meditativa.

La aceptación no es resignación, es estar con lo que hay en este momento. En lugar de quejarnos y sentirnos víctimas, o huir de la situación de múltiples maneras, podemos observarlo y aprender a ser ecuánimes para poder elegir una respuesta que no nos dañe, que no nos oculte, que sea honesta desde lo profundo.

Practicar la ecuanimidad es practicar el equilibrio en el ánimo, la constancia, la imparcialidad. Eso conlleva practicar el silencio y la escucha propia.

Imaginemos que nuestra mente es la superficie de un lago, o mejor, de un océano. En el agua siempre hay olas: a veces son grandes, a veces casi ni se notan. Ellas surgen en la superficie porque hay vientos que vienen y van, cambian de dirección y de intensidad, igual que los vientos del estrés y del cambio en nuestra vida, que levantan olas en nuestra mente.

Hay personas que piensan que la meditación es una especie de pulso interno con la mente y que acabará finalmente con todas esas olas para que podamos estar en calma y en paz. Pero no es así:

Igual que no podemos colocar una lámina de cristal sobre el agua para calmar las olas, tampoco podemos eliminar las olas de nuestra mente de forma artificial, y la lucha interna creará más tensión.

No vamos a conseguirlo intentando eliminar a toda costa la actividad natural de la mente. Los vientos de la vida y de la mente seguirán soplando, hagamos lo que hagamos. Sin embargo, con la práctica de la meditación y de la atención plena o mindfulness, es posible que poco a poco,  parte de las turbulencias se vayan calmando, porque ya no las estaremos alimentando continuamente.

Al final, te das cuenta de que no es una lucha desesperada con las olas…. Como decía Swami Satchidananda:

                 “No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear”

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¿Quieres poner en práctica este pequeño ejercicio?

Adopta una postura cómoda, cierra los ojos y permítete unos momentos para dejarte fluir. Respira. Visualiza si hay olas en tu océano. ¿Cómo son?. Quizá puedes dejar que simplemente sean de la forma en que han venido en este momento. Puedes ver cómo estás en ellas. Imagina que surfeas fluyendo como ese mar, sintiéndote parte de él, y dejando que todo siga su curso natural. Nada fijo, nada sólido, todo va cambiando, momento a momento. Dejando ir, fluyendo y abriendo un espacio de mayor perspectiva, de mayor claridad. En la naturaleza todo fluye, en nosotros puede hacerlo también.

Continúa respirando unos minutos más, y llévate esa sensación al resto del día, contigo, a tus relaciones, a tu vida diaria.

 

© Pilar de Anta, Mindfulness Trainer RespiraVida Breathworks y Terapeuta de Sanación en Luz Aiyanna.

Basado en el texto de Jon Kabat Zinn en “Mindfulness en la vida cotidiana”.